Fanter Film Festival: 3.500 aficionados y 10 películas, con menos presupuesto público
El Fanter Film Festival de Cáceres celebra su XV edición con diez películas y un recorte del 46% en financiación pública. Claves del evento y su contexto.
El Fanter Film Festival de Cáceres celebra su decimoquinta edición del 30 de octubre al 1 de noviembre en el Gran Teatro de la capital cacereña, con diez películas programadas, seis de ellas preestrenos, y una asistencia prevista de unos 3.500 espectadores. El certamen reduce su duración a tres jornadas tras el recorte del 46% en su presupuesto público.
La financiación del festival, organizado por la plataforma abandomoviez, descansa en una ayuda de 11.000 euros: 8.000 procedentes de la Junta de Extremadura y 3.000 del Ayuntamiento de Cáceres. La Diputación de Cáceres no ha respaldado el evento este año, lo que explica la caída en la dotación. Ante ese escenario, la organización decidió pasar de cuatro jornadas a tres y elevar el precio de la entrada de uno a dos euros.
El director del festival, Pablo Carrero, explicó en la presentación que las cuentas obligaban a reducir la programación a dos días, aunque finalmente se mantuvieron tres. El dato que la organización destaca es la demanda: los abonos se agotaron en menos de 48 horas y ya está vendido el 95% del aforo.
La programación incluye la proyección inaugural de El silencio de los corderos, la cinta de Jonathan Demme de 1991, así como títulos como Sanguine, ganadora del Festival de Sitges, y Crawlers, dirigida por el cineasta extremeño Ángel Gómez Hernández, quien ganó hace años el concurso de cortos del propio Fanter. La sección oficial de cortometrajes recibió 397 trabajos, de los que nueve fueron seleccionados; el premio al mejor corto se ha reducido de 1.000 a 500 euros.
Desde el ámbito institucional, el concejal de Cultura de Cáceres, Jorge Suárez, vinculó el festival a la candidatura de la ciudad como Capital Cultural Europea en 2031. El director de la Filmoteca de Extremadura, Antonio Gil, subrayó que los festivales cumplen una función clave al acercar al público películas que, de otro modo, difícilmente vería.
El caso del Fanter ilustra una tensión recurrente en la política cultural regional: la dependencia de ayudas públicas de distintas administraciones y la fragilidad financiera de certámenes con gran respaldo de público. La evolución de su presupuesto en las próximas ediciones será un indicador de la apuesta real de las instituciones por la exhibición cinematográfica especializada.